Khadija Leah Chunga
Cambio impulsado por la comunidad
“Quiero transmitir a mi comunidad la idea de que, como mujeres, no tenemos por qué quedarnos atrás (de los hombres)”.
Khadija Chunga es una política de 34 años originaria de Malaui. Su trayectoria política pone de relieve el poder de una persona y el cambio que puede generar. Se vio profundamente influenciada por su referente, Abida Mia, a quien califica de “dama de hierro”. Al provenir de una zona muy poblada de Malaui con una importante comunidad musulmana, se sintió impulsada a ser el cambio que quería ver.
Su pasión por la política surgió cuando empezó a reflexionar sobre los problemas que afectaban a su barrio. Identificó tres áreas clave que requerían mejoras: educación, infraestructura y salud. Para ella, la educación y el trabajo infantil destacaban como cuestiones fundamentales. La mayoría de los niños solo completan los cursos de primero a quinto grado antes de verse obligados a trabajar en los negocios familiares. “Siempre les digo (a los miembros de la comunidad) que la escuela es la prioridad número uno y que deben esforzarse al máximo en todos los niveles, desde la primaria hasta la universidad”. A través de donaciones, distribuye material escolar y anima activamente a los estudiantes a continuar su formación.
El segundo problema principal es la atención sanitaria. Khadija observó que las personas de su comunidad no buscan tratamiento profesional en los hospitales; en su lugar, recurren a la oración para curar sus enfermedades o acuden a curanderos tradicionales. Ella considera que existe una fuerte correlación entre ambos problemas —la falta de educación y los problemas de salud—: “alguien que no ha ido a la escuela puede subestimar la importancia de la atención médica profesional”. Es una firme defensora de la creación de más centros de salud en la comunidad.
El tercer problema principal es la falta de una infraestructura adecuada. Khadija es consciente de que se necesitan muchas mejoras, desde carreteras hasta escuelas, viviendas y acceso a agua potable. Está decidida a ser un agente de cambio positivo en su comunidad y a demostrar que las mujeres no solo pueden hacer lo mismo que los hombres, sino incluso hacerlo “el doble de bien”.
El camino recorrido por Khadija no ha sido fácil. Es la primera política de su familia y ha tenido que enfrentarse a críticas y resistencias tanto por parte de sus allegados como de la comunidad. Al principio, su esposo no aceptaba sus aspiraciones políticas, y muchos de sus amigos intentaban disuadirlo de permitirle incursionar en la política. También tuvo que enfrentarse a acusaciones falsas en las redes sociales. Sin embargo, estas pruebas solo pusieron de manifiesto los estrechos vínculos que había forjado en su comunidad, donde había trabajado sobre el terreno durante muchos años. Muchos miembros de la comunidad salieron en defensa de Khadija. Esto le dio el valor para seguir adelante y no renunciar a su sueño. A lo largo de este camino, Khadija aprendió una lección importante: «Debo ser fuerte y alzar la voz. Y no debo dejarme llevar demasiado por las emociones. Si ocurre algo malo, ya sea en las redes sociales o en la vida, no tengo que reaccionar de inmediato ni salir a exponerlo al instante. Primero debo calmarme y luego salir a defenderme».
Al negarse a rendirse, pronto se ganó el apoyo de más miembros de la comunidad, que empezaron a ver el impacto positivo de su labor. Su determinación y arduo trabajo le permitieron conseguir el respaldo de líderes religiosos locales influyentes y, finalmente, el de su esposo, a quien Khadija considera ahora su «principal apoyo».
Mantiene un compromiso constante de ser la voz de su comunidad: «Alguien tiene que dar un paso al frente y decir: "En nuestra comunidad necesitamos esto, por favor tráiganlo". Y yo voy a hacer que suceda». Este nuevo respaldo la hizo sentir que había elegido el camino correcto y reafirmó su confianza en sí misma. Dicha confianza se vio reforzada en la Academia de Empoderamiento para Mujeres Jóvenes de Malaui, organizada por International IDEA, donde pudo adquirir más habilidades y seguridad en sus capacidades. Asimismo, reafirmó su deseo de presentarse a las elecciones generales.
Gracias a la academia, reconoció que las mujeres son capaces de lograr cualquier cosa, aunque a menudo se las subestime. Ella afirma: «En la academia nos han demostrado que las mujeres podemos. Que debemos armarnos de valor al salir al mundo. Nos han dicho que podemos hacer lo mismo que los hombres, e incluso hacerlo el doble de bien». Al interactuar y comunicarse con las otras mujeres de la academia, reconoce que muchas de las luchas que enfrentan son las mismas, y mantiene su compromiso de seguir luchando para demostrar que sin mujeres no hay democracia.