Incidencia y cabildeo
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En marzo de cada año, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés), órgano de Naciones Unidas, reúne a gobiernos y organizaciones para evaluar avances y definir compromisos en materia de igualdad de género. Sus conclusiones no son jurídicamente vinculantes, pero sí orientan la agenda global y permiten identificar hacia dónde se mueven —o no— las prioridades políticas en relación con los derechos de las mujeres.
En su 70ª sesión (2026), la CSW fijó como tema prioritario el acceso a la justicia para las mujeres y las niñas. Y lo hizo desde una perspectiva amplia que trasciende lo estrictamente judicial. Las conclusiones articulan el acceso a la justicia con condiciones estructurales de igualdad sustantiva: la erradicación de prácticas discriminatorias, la autonomía económica, la participación en la toma de decisiones y la eliminación de la violencia en todas sus formas.
En este marco, el documento reconoce que las barreras de acceso a la justicia están profundamente imbricadas con desigualdades estructurales. Por ello, recomienda, entre otras medidas, la incorporación de la perspectiva de género en todas las instituciones públicas, la eliminación del matrimonio infantil, el fortalecimiento de la autonomía económica de las mujeres y la garantía de su participación efectiva en los espacios de poder.
La primera señal es sembrar la duda. “¿Y qué sabe?” “Dice que es la amante del”. Después alguien responde. Otro comparte. Más tarde aparece una imagen, recortada, manipulada, una frase fuera de contexto. Se llama deepfake. Y luego los memes. Los montajes. Después las cuentas que repiten lo mismo, pero con palabras distintas. La maquinaria se pone en funcionamiento. Se crean narrativas, sentimientos. Se construye la idea de una persona. Sin importar que no tenga nada que ver con quien realmente es.
Deja de ser una conversación, se vuelve un cerco con el infaltable ingrediente: mucho odio. Deriva en acoso. En hostigamiento. Se trata de un ejercicio coordinado con un objetivo claro: el desprestigio y la anulación de una de persona.
Un amigo hace años me dijo «el Facebook es como ir a la plaza y sentarte en un banco». Que bonita comparación, hoy casi romántica. Y útil para dibujarnos una idea de lo que significan las redes sociales en nuestras vidas: tus cuentas terminan siendo tu “banco en la plaza”. Tu lugar en la vida social. ¿Se imaginan que alguien pase por ese banco y te insulte en la plaza pública, sin conocerte, tan solo porque pasa por allí? ¿O porque no le gusta como vistes? ¿O porque cree que deberías ser lo que no eres? Sería inmediatamente tratado como un problema social, como un lunático. Pues a tu banco virtual pueden entrar acosadores de cualquier calaña y no habrá nadie ni nada que lo evite y tampoco ninguna institución o instrumento que te defienda. Y cuando lo denuncias te piden «que no te has la víctima». Una respuesta tan denigrante como cuando a una víctima de violación la señalan por su vestimenta.
En una época en la que el retroceso democrático ya no es un peligro lejano sino una realidad en los continentes, las líderes feministas están resistiendo en silencio, y a veces, a costa de su propia seguridad.
Desde la observación electoral en Tanzania hasta la reforma periodística en Camerún, desde el desafío a las masculinidades tóxicas hasta el enfrentamiento del poder de las plataformas digitales, mujeres y aliados feministas están luchando por un entorno propicio para la sociedad civil de maneras que revelan una realidad fundamental: la democracia no es género neutral y, cuando se limita la participación de las mujeres, la democracia se debilita.
Santo Domingo. – El fortalecimiento del liderazgo de las mujeres en la vida política y la necesidad de consolidar una justicia electoral con enfoque de género centraron el conversatorio “Diálogo Político para la Igualdad: Género y Justicia Electoral”, organizado por el Ministerio de la Mujer, la Junta Central Electoral, la Embajada de la República Federal de Alemania y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La iniciativa reunió a lideresas políticas, magistradas y magistrados de diversos organismos, entre ellos el Tribunal Superior Electoral y la JCE, congresistas y representantes de órganos electorales, en un espacio de intercambio que forma parte de una serie de encuentros impulsados junto a la Red de Mujeres UNIDAS.
Durante la apertura, la ministra de la Mujer, Gloria Reyes Gómez, subrayó que el fortalecimiento de la democracia pasa necesariamente por garantizar la participación plena de las mujeres.
Este lunes 6 de abril de 2026 se conmemora la fecha en la que se reconocieron los derechos políticos de las mujeres. Un día como hoy, 6 de abril de 1953, se reconocieron en México los derechos políticos de las mujeres. Este logro abrió el camino para la participación plena de las mujeres en la vida democrática del país, fortaleciendo nuestra democracia y ampliando los derechos de todas.
Sin embargo, este logro no fue una concesión, sino el resultado de una lucha incansable de mujeres valientes que abrieron el camino hacia una participación política plena.
Uno de los logros de este reconocimiento, es sin duda la paridad de género que se tiene en la actualidad, y que en muchos de los casos va más allá del 50 por ciento en la proporción para mujeres y hombres.
En el caso de Tabasco, de las 35 diputaciones locales, 18 están en manos de mujeres y 17 en hombres.
La violencia política contra las mujeres en México se ha visibilizado, pero no se ha frenado. En los más recientes procesos electorales celebrados en el país, se registró el mayor número de candidatas postuladas a un cargo público, incluida la presidencia de la República, pero a la par se presentó la mayor cantidad de ataques en razón de género. En términos de paridad, la elección de 2024 fue histórica, ya que de ahí surgieron la primera presidenta de México; un Congreso paritario con un número inédito de senadoras y diputadas federales; cientos de alcaldesas y diputadas locales; y cuatro gobernadoras, que llevaron al país a un máximo histórico de 13 entidades con una mujer al frente de un Estado. Pero también fue la elección más violenta de la historia para ellas.
Según diversos informes de las autoridades electorales, las mujeres en campaña son víctimas de ataques en redes sociales, agresiones en medios de comunicación, obstáculos para ser candidatas, denostación y descalificación, ataques verbales y físicos, retiro y destrucción de su propaganda, amenazas, intimidación, hostigamiento, violencia sexual y psicológica, discriminación dentro de sus propios partidos y, recientemente, diversos tipos de violencia digital. Se trata de ataques que crecen en paralelo a una mayor participación en la política, derivada de las reformas de paridad implementadas desde 2019.