Liderazgo de las mujeres
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Las mujeres en cargos directivos gubernamentales
- A partir del 1 de enero de 2026, hay 28 países donde 30 mujeres se desempeñan como Jefas de Estado y/o de Gobierno [1]. Al ritmo actual, la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará por otros 130 años [2].
- Solo 16 países están presididos por una Jefa de Estado, y 21 países tienen Jefas de Gobierno [3].
- Datos recopilados por primera vez por ONU Mujeres muestran que, a 1 de enero de 2026, las mujeres representan el 22,4 por ciento de los miembros de Gabinete dirigiendo Ministerios que lideran un área política [4]. Solo hay nueve países en los que las mujeres ocupan el 50 por ciento o más de los cargos de ministras del Gabinete que dirigen áreas políticas [5].
- Las carteras más ocupadas por ministras son Mujer e igualdad de género, Familia e infancia, y Inclusión social y desarrollo [6].
Las mujeres en los parlamentos nacionales
- Sólo el 27,5 por ciento de los parlamentarios son mujeres, frente al 11 por ciento en 1995 [7].
- Solo siete países tienen un 50 por ciento o más de mujeres en el parlamento en cámaras bajas o parlamentos unicamerales: Rwanda (64 por ciento), Cuba (57 por ciento), Nicaragua (55 por ciento), Bolivia (51 por ciento), Andorra, México, y Emiratos Árabes Unidos (todo al 50 por ciento)[8].
- Otros 23 países han alcanzado o superado el 40 por ciento, entre ellos diez en Europa, seis en África, cinco en América Latina y el Caribe, y dos en Asia-Pacífico [9].
- En todo el mundo, hay 21 Estados en los que las mujeres ocupan menos del 10 por ciento de los escaños en cámaras bajas o parlamentos unicamerales, incluidas tres cámaras bajas en las que no hay ninguna mujer [10].
- Con el nivel de avance actual, la paridad de género en los cuerpos legislativos nacionales no se logrará antes de 2063 [11].
- Las mujeres ocupan el 37 por ciento de los escaños parlamentarios en América Latina y el Caribe y constituyen el 33 por ciento de los parlamentos de Europa y América del Norte. En el África subsahariana hay un 27 por ciento de mujeres legisladoras, seguidas de Asia oriental y sudoriental, con un 24 por ciento; Oceanía, con un 21 por ciento; África septentrional y Asia occidental, con un 18.5 por ciento; y Asia central y meridional, con un 17 por ciento de parlamentarias [12].
Como parte de la estrategia del gobierno estatal para fortalecer la prevención de la violencia, la Secretaría de las Mujeres realizó, en el municipio de Temixco, una reunión con directoras de las instancias municipales de la mujer para consolidar el trabajo coordinado de los Centros LIBRE en el estado.
Durante la jornada, se tejieron acuerdos y estrategias para fortalecer la prevención, la atención integral y la canalización inmediata de casos desde las demarcaciones.
La titular de la Secretaria de las Mujeres, Clarisa Gómez Manrique, señaló que el objetivo es fortalecer el trabajo conjunto y garantizar que los municipios cuenten con el acompañamiento institucional para impulsar estrategias que abonen a la seguridad de las mujeres en la entidad.
“Hemos estado trabajando en acciones que contribuyan a que Morelos sea un lugar más seguro para todas las mujeres. Esa es la intención del trabajo que realizamos de manera coordinada”, afirmó.
La funcionaria informó que el estado contará con cuatro Centros LIBRE adicionales, alcanzando un total de 20 espacios de atención, los cuales serán instalados estratégicamente para garantizar acceso cercano, seguro y efectivo para las mujeres.
De igual manera, destacó la importancia del trabajo coordinado con autoridades municipales y presidencias de los sistemas para el Desarrollo Integral de la Familia, al tratarse de una política pública de igualdad y prevención que requiere articulación institucional permanente.
Se reconoció la colaboración de los municipios de Tepoztlán, Yautepec, Xochitepec y Puente de Ixtla, que apoyaron en la cobertura de honorarios de profesionistas de los Centros LIBRE, lo que permitió que estos espacios permanecieran abiertos de manera continua.
El concepto de feminacionalismo
En primer lugar, mi concepto de feminacionalismo se vio influido de manera importante por el concepto de homonacionalismo de la académica queer Jasbir Puar. En 2007, Puar publicó un influyente libro en el que analizaba las formas en que algunos sectores del movimiento LGBTQ+ en Estados Unidos habían colaborado con la retórica nacionalista de la guerra contra el terrorismo. En resumen, describía cómo muchos gais y lesbianas habían aceptado la idea de que el islam era una religión especialmente homófoba y que las comunidades musulmanas eran enemigas de los derechos LGBTQ+.
El libro de Puar fue muy importante porque reveló, aunque de forma implícita, uno de los puntos débiles de la política identitaria: a saber, que la lucha por los derechos y libertades individuales desprovista de cualquier contenido de clase no podía evitar las trampas de la política de derechas. De hecho, un desarrollo importante del capitalismo neoliberal ha sido la cooptación de algunas subculturas gais como culturas de consumo y la creación de la homonormatividad como homosexualidad domesticada.
Las integrantes del equipo SMAWT operan en las proximidades del muro militar levantado por Marruecos en los años ochenta, una estructura que divide el territorio y sigue rodeada de campos minados. No se trata de un vestigio del pasado cerrado, sino de la huella física de un conflicto que Naciones Unidas considera pendiente de descolonización. Cada artefacto retirado confirma que el problema político no está resuelto.
Su trabajo tiene una dimensión humanitaria evidente —proteger a la población civil y reducir riesgos—, pero también un significado político: garantizar condiciones mínimas de seguridad es parte del ejercicio efectivo de derechos. Sin seguridad, no hay movilidad, ni desarrollo, ni retorno posible a determinadas zonas.
El interés de llevar el documental al Parlamento Europeo abre otra cuestión: ¿habrá coherencia entre el discurso europeo sobre derechos humanos y la realidad del Sáhara Occidental? La visibilidad cultural puede romper el silencio mediático, pero solo tendrá impacto si se traduce en debate institucional y responsabilidad política.
El foco no debería quedarse en la gala, sino en lo que las minas representan: la persistencia material de una ocupación y de una descolonización inacabada.
La paridad de género en el Congreso de Zacatecas no se ha traducido en una agenda legislativa sustantiva para las mujeres, advirtió la investigadora Reyna Marisol Hernández Herrera al presentar avances de su investigación, basada en la revisión de 355 gacetas parlamentarias de la 64 Legislatura (2021-2024).
De acuerdo con la doctorante de la Unidad Académica de Ciencia Política (BUAZ), la primera legislatura local integrada bajo el principio constitucional de paridad avanzó poco en materia de derechos sexuales y reproductivos, políticas de cuidado, salud y derechos laborales, pese a que se trata de rubros centrales de inequidad para las mujeres.
Hernández Herrera explicó que la subordinación de diputados y diputadas a intereses partidarios, la inequidad en los roles y en el reparto de comisiones, inciden en que “las necesidades, intereses y exigencias de las zacatecanas en el ámbito legislativo” tengan poca materialización en leyes o políticas públicas.
La producción legislativa durante el periodo analizado se concentró en los ejes de representación política y toma de decisiones, así como en violencia contra las mujeres, rubros en los que se aprobaron iniciativas orientadas principalmente a la armonización normativa y a la tipificación de conductas penales, como la violencia vicaria, la violencia ácida y la violencia mediática, además de la creación de la Fiscalía Especializada en Delitos contra las Mujeres por Razones de Género.
A lo largo de su historia, Chile ha avanzado en la construcción de un ecosistema institucional de políticas públicas, marcos legales e instituciones que no responden a coyunturas ni a mayorías circunstanciales, sino a acuerdos democráticos construidos en el tiempo para garantizar los derechos y una vida plena para las mujeres.
Este recorrido ha sido largo y no exento de dificultades, pero consistente en una dirección clara: consolidar y ampliar derechos, remover barreras legales explícitas y construir una institucionalidad capaz de sostener estos avances en el tiempo.
Se trata de iniciativas acumuladas a lo largo de diversos ciclos políticos, que han involucrado a distintos poderes del Estado, al sector privado y a la sociedad civil, y que han situado los derechos de las mujeres en el centro. Son acuerdos transversales, debatidos y construidos a lo largo de los años, que expresan una decisión colectiva: avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.