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Las magistradas del Consejo Nacional Electoral (CNE) compartieron escenario en el foro de la revista CAMBIO ‘Violencia contra las mujeres en política: un desafío de la democracia', en el que la autoridad electoral reafirmó su compromiso con la implementación de la Ley 2453 de 2025 y respondió a la cifra revelada por el estudio “3.000 voces por la democracia❞ de ONU Mujeres.
Las tres magistradas de la Sala Plena: Alba Lucía Velásquez, Maritza Martínez Aristizábal y Fabiola Márquez Grisales presentaron el balance institucional de la implementación
El dato clave:
El 78 % de las candidatas en procesos electorales en Colombia ha reportado haber sido víctima de algún tipo de violencia política, incluidas agresiones psicológicas, económicas, digitales y sexuales, según el estudio "3.000 voces por la democracia", ONU Mujeres, 2025.
A esa cifra se suma la brecha de representación documentada en el actual ciclo: en las elecciones al Congreso de la República de 2026 las mujeres representaron el 40,9 % de las candidaturas, pero solo ocuparon el 29,98 % de las curules.
La distancia entre participación y representación efectiva es uno de los efectos visibles de la violencia política basada en género, y traza el horizonte de protección que el CNE asume como mandato constitucional.
Este 8 de mayo se verá una escena inédita en la historia de Costa Rica: una mujer en el cargo de presidenta de la Asamblea Legislativa juramentará a otra mujer como presidenta de la República, Laura Fernández, la segunda en gobernar el país centroamericano que, sin embargo, vive un auge del conservadurismo de la mano del mandatario saliente, Rodrigo Chaves.
Esa escena será posible porque este viernes la abogada oficialista Yara Jiménez se convierte en la cuarta mujer en tomar la presidencia del plenario legislativo. La elección de la abogada, secretaria del Consejo de Gobierno de Rodrigo Chaves hasta este mes, es producto de la mayoría suficiente que posee el Partido Pueblo Soberano (PPSO) para tomar numerosas decisiones legislativas gracias a los 31 escaños que alcanzaron en las elecciones de febrero, pero también refleja un dato histórico en la política de Costa Rica: la mayor presencia de mujeres diputadas en los dos siglos de vida independiente.
La percepción sobre la igualdad de género en la política presenta contrastes marcados en América Central y el Caribe, según el último el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) titulado “Democracia y Desarrollo en América Latina y el Caribe 2026″.
El documento revela avances sostenidos en la representación política de las mujeres, aunque persisten brechas en la inclusión y desafíos de índole cultural e institucional, especialmente en países como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.
El análisis del PNUD detalla que la proporción de mujeres en los parlamentos nacionales de la región alcanzó el 36.5% en 2024, un incremento considerable frente al 12.3% registrado a inicios del siglo XXI.
Acaba de cumplirse un año desde la entrada en vigencia de la ley que busca regular la violencia ejercida contra las mujeres en política y los protocolos que debían ser modificados en el Congreso, según la normativa, aún no están actualizados de acuerdo con lo indicado. Aunque la norma busca blindar este tipo de agresiones, son varias las alertas en los puntos en los que no se están cumpliendo los aspectos dispuestos.
Tras las elecciones legislativas, el Congreso renovó a sus miembros y en el camino las posibilidades para las mujeres parecen...
La directora del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres, Ministerio de Desarrollo Social), Mónica Xavier, participó en la presentación de los resultados de un estudio sobre las experiencias de 181 mujeres candidatas que resultaron electas como titulares o suplentes en ambas Cámaras en las elecciones nacionales de 2024 en Uruguay, realizado con el apoyo de ONU Mujeres y las embajadas del Reino Unido y Suecia.
Durante su intervención, Xavier destacó la importancia de contar con evidencia para visibilizar las desigualdades y orientar la acción pública. "Lo que no se mide no se puede reconocer y lo que no se reconoce no se puede modificar", señaló, subrayando el valor del estudio como insumo para el diseño de políticas que promuevan la igualdad sustantiva.
Además, advirtió que, si bien en Uruguay se han registrado avances en algunas áreas, persisten brechas estructurales que impactan de forma particular en la vida de las mujeres. En ese sentido, afirmó que "la brecha de la violencia no cierra" y planteó que el ámbito político no es ajeno a estas desigualdades, especialmente considerando las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a espacios de decisión.
Asimismo, Xavier remarcó que los avances en materia de participación política han requerido de marcos normativos específicos y que su sostenibilidad depende de transformaciones culturales profundas. "Necesitamos una sociedad mucho más igualitaria, donde la cultura de transformación igualitaria sea clave, pero también una arquitectura institucional que garantice la representación plena de mujeres y hombres en todos los ámbitos", expresó .
En este sentido, señaló la importancia de fortalecer la articulación entre organismos del Estado y actores políticos y sociales, y reafirmó el compromiso de Inmujeres para contribuir a estos procesos. "No tenemos excusas: contamos con normas legales que pueden hacernos avanzar y con prácticas que es necesario transformar para lograr una participación más igualitaria", sostuvo.
MORELIA, Mich., 21 de enero de 2026.- La violencia política en razón de género es un conjunto de conductas que buscan limitar, anular o menoscabar los derechos político electorales de las mujeres por el hecho de ser mujeres o por ejercer un cargo público desde esa condición.
No se trata de diferencias normales de la disputa política, sino de actos que colocan a las mujeres en una situación de desventaja estructural dentro de la vida pública.
Este tipo de violencia puede presentarse antes, durante o después de los procesos electorales, pero también en el ejercicio cotidiano del cargo.
Incluye prácticas como impedir el acceso a recursos económicos, obstaculizar la toma de decisiones, desacreditar públicamente a una mujer con estereotipos de género, ejercer hostigamiento o intimidación, o presionar para que renuncie a una función o representación política.