Parlamentos y representantes
Main navigation
Julio César González, el caricaturista colombiano conocido como Matador, inicia su campaña al Senado de la República con una denuncia en su contra ante el Consejo Nacional Electoral. Su nombre en la escena pública, esta vez como candidato del oficialista Pacto Histórico, no ha trascendido precisamente por la defensa de ideas o propuestas. Los focos del debate se han encendido por una publicación en redes sociales en la que se burla de la apariencia física de la senadora Paloma Valencia, candidata presidencial del opositor Centro Democrático. El director de la colectividad más representativa de la derecha, Gabriel Vallejo, anunció una demanda contra González “por cometer actos de violencia política”. “El Pacto Histórico debe sancionar severamente al misógino de Matador. De no hacerlo, ese partido se convertirá en cómplice de violencia política contra la mujer”, agregó el excongresista en X.
La participación femenina en la política colombiana ha mostrado una evolución sostenida durante los últimos cuatro periodos legislativos, consolidándose como un factor clave en el funcionamiento del Congreso de la República. Este proceso no solo se refleja en el aumento progresivo de mujeres electas, sino también en la relevancia de sus liderazgos, su capacidad de incidencia y su protagonismo en la formulación de leyes y reformas fundamentales para el país. La presencia de mujeres con voz y voto ha contribuido a diversificar el debate político y a incorporar perspectivas históricamente relegadas en la toma de decisiones nacionales.
Así pues, es evidente que el papel de la mujer en el Congreso ha pasado de una participación limitada a una presencia más robusta y visible. Hoy, varias congresistas ocupan cargos directivos y estratégicos, lo que muestra un cambio estructural en la representación política. Figuras como las senadoras Ana María Castañeda, de Cambio Radical, y Ana Paola Agudelo, de Colombia Justa Libres, quienes han ejercido como vicepresidentas del Senado, simbolizan el avance de la participación femenina y la creciente confianza institucional en su liderazgo. Su presencia en estas posiciones refleja no solo un logro individual, sino un proceso colectivo de posicionamiento político de las mujeres.
JUCHITÁN, Oax. – En una jornada que marca un parteaguas en la vida democrática de la sierra mixe, Martina Caballero García, conocida afectuosamente como Maty Caballero, rindió protesta el pasado jueves 8 de enero como presidenta municipal de San Juan Mazatlán.
Con este acto, se convierte formalmente en la primera mujer en la historia en encabezar el ayuntamiento de este municipio regido por sistemas normativos indígenas.
La ceremonia tuvo lugar en la agencia de La Mixtequita, donde el diputado local por el Distrito X, Raynel Ramírez Mijangos, fue el encargado de tomar la protesta constitucional a la nueva alcaldesa.
Al evento asistió también Donato Vargas Jiménez, coordinador general de los Delegados de Paz, quien acudió en representación del Gobierno del Estado de Oaxaca para respaldar el inicio de esta administración.
Enero inició con el que será el tema principal de la agenda política del país: la reforma electoral. La reunión de Pablo Gómez y la presidenta Claudia Sheinbaum confirma que en breve se presentará formalmente la iniciativa.
En 2025 se organizaron foros abiertos a la ciudadanía, donde la clase política también tuvo la posibilidad de participar, a favor, en contra, en defensa y con propuestas, todos fueron transmitidos vía internet.
Entre las nuevas reglas del juego político que aplicarían en 2027, un año electoral de suma importancia para el Ejecutivo federal y partidos políticos, se verá si efectivamente habrá reducción o eliminación de la representación política plurinominal, estos hombres y mujeres que obtienen una curul a través de una fórmula que considera el porcentaje de la votación obtenida en los comicios por los partidos políticos.
En el Congreso federal son 200 diputados y diputadas que llegan a un escaño sin haber contendido en una campaña, sin que la ciudadanía los conozca, con el reproche social de ser espacios ocupados, en muchos casos por varias Legislaturas y por familias o élites de poder sin que exista verdadera cercanía y trabajo visible en favor de la ciudadanía.
La comunicación ha sido y es un medio poderoso para reproducir discursos hegemónicos y por ende invisibilizar los de las minorías o poblaciones excluidas del poder, entre ellas las mujeres y en especial las mujeres afrodescendientes. Es por tanto sumamente interesante saber que entre 1945 y 1955 en Uruguay, mujeres afrouruguayas escribían y ocupaban un lugar prioritario en publicaciones de la comunidad negra. Esta información emana de una investigación con perspectiva de género basada en el análisis de discurso de Micaela La Luz, egresada de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Udelar.
La investigación
La Luz explicó que algo que la ayudó a orientarse en la temática a abordar en su tesis fue una conversación con uno de sus profesores de la FIC en la que el docente le dijo, «si no buscas algo que realmente te guste, te apasione y te represente, siento que esto no va a tener sentido». «Yo me quedé con eso y dije, okay, este es el volantazo que quiero dar a mi trabajo», recordó. En un principio su idea fue enfocarse en los años 30 y ya había encontrado un suplemento femenino de esa época que podía aportar insumos a su investigación. No obstante se dio cuenta de que nada de lo que veía en esa publicación la representaba y que en esos años no existía participación de las mujeres afrouruguayas en comunicación.
Por ese motivo cambió el período de la investigación al comprendido entre los años 1945 y 1955 cuando comienza a aparecer la voz de las mujeres negras en los medios. Decidió tomar ese lapso de tiempo en lugar de uno menor porque de esa forma contaba con más material para cotejar ya que el número de publicaciones diarias de la época era reducido. Además fue un período de convergencia de numerosos acontecimientos y fenómenos en Uruguay y en el que se generaron representaciones simbólicas que se recuerdan hasta hoy, como «Uruguay la Suiza de América», y «la Atenas del Plata», que daban cuenta de «la época de auge, de cambio, de prosperidad, de apertura y de nuevas oportunidades, que vivía el país». Uno de los datos interesantes que le aportó el comienzo de la investigación fue «entender que aunque todo ese esplendor del país existía o existió de alguna forma, no era para todos, la población afro fue la que accedió a menos oportunidades y dentro de ella las mujeres fueron las más excluidas de las posibilidades de crecimiento económico y social».
La Luz basó su investigación en tres publicaciones de la época: «Revista Uruguay» y «Nuestra Raza», surgidas de la comunidad negra en nuestro país, y el Suplemento Femenino del diario «La Mañana», que cumplió el papel de comparativo con los discursos de las mujeres afro, presentes en los dos primeros medios de prensa escrita.
El sufragio femenino en Chile suele presentarse como una conquista del pasado, un hito ya superado en la historia de los derechos de las mujeres. Sin embargo, más que una meta alcanzada, el derecho a voto constituye hoy un recordatorio permanente: la ciudadanía plena de las mujeres nunca ha sido un regalo, sino el resultado de una lucha constante por reconocimiento y participación.
El voto femenino no surgió por iniciativa de la clase política, sino de las organizaciones feministas que presionaron para la obtención del sufragio municipal en primera instancia y luego hacia el universal liderado por organizaciones como el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, MEMCH.